A veces... oigo pasos
Mi vida ya de por sí caótica tiene desde hace unos meses un ingrediente más por el que de-sufrir (como diría Merxe): A veces... oigo pasos en el pasillo de mi casa.
Y no son unos pasos cualquiera, se manifiestan a la 1:00 de la madrugada (sí, como oís, mi espectro tiene horario fijo), suenan siempre en el pasillo (aunque mi santo dice haberlos oido también en la escalera, y el tío bien que se lo había callado) y, para colmo, el susodicho lleva tacón (digo susodicho y no susodicha porque después de lo de Amor en GH ya no podemos presuponer que por portar calzado de cierta altura estemos hablando de género femenino, dejémoslo en neutro...)
El caso es que mi santo, escéptico donde los haya, no se creía nada de nada (y yo creo que hasta en algún momento se ha planteado llevarme a la López Ibor, que si son capaces de curar a la Mosquera imagínate lo que pueden hacer por mí, que a mi entender estoy algo más cuerda), hasta que una noche él mismo con su oido bueno los oyó.
He de decir que cuando mi santo tornóse pálido pensé para mí misma: "no estoy loca" y me sentí mejor, pero a la misma vez me dije "Cagontó, que si éste lo ha oido es que estamos ante una alucinación colectiva, en el mejor de los casos, y, en el peor ¡oh Dios! es que de verdad hay algo en mi pasillo que taconea...", y eso me hizo ponerme algo nerviosa (vamos, que me cagué) como entenderéis.
Mi casa, que ha sido la casa de mi santo casi desde su nacimiento,siempre ha tenido una especie de leyenda negra que me han ocultado. No les culpo, saben que soy susceptible a lo paranormal y, aunque me encantan las ciencias ocultas, también esos temitas me dan bastante canguelo. Es como las pelis de miedo, que me gustan pero luego mi santo me tiene que acompañar hasta el baño y de la manita.
La hermana de mi santo ha sufrido en mi casa cuando era niña y también de adulta varios fenómenos dignos de estudiar por Iker Jiménez: muñecas sin pilas que hablan, cadenas de música que se encienden solas, ruidos... El caso es que sus historias espectrales cobran todo el sentido cuando oigo los pasos del pasillo.
También, algunas veces, he echado la bronca a los cafres de mis gatos cuando he oido en la planta de arriba romperse algún objeto. El problema es que cuando llego a la estancia de donde procede el ruido, ni están los gatosni hay nada roto (miau, me dice Lupe, cuando entra detrás de mí, y eso, en lenguaje gatuno, no es más que "¿estás tonta o qué coño te pasa?"). Me ha pasado en un par de ocasiones, y la verdad es que acojona.

Bueno, no sé qué opinaréis sobre los fenómenos que vivo, o si voy a caer en el ostracismo total por enferma mental, o si ya lo que escriba aquí carecerá de credibilidad.... pero yo a veces... oigo pasos.
Y lo cuento... con dos coj... (pero con miedito)


Marta dijo
Pues una de dos, o sales a bailar con el susodicho o le pones unas zapas de estar por casa para que al menos no haga ruido.............
5 Noviembre 2007 | 05:20 PM