Dios, qué mes llevo... parece una disculpa por no escribir tan frecuentemente como querría, pero es que tengo más agenda que Letizia con zeta y que Catherine con zeta Jones juntas...

Entre comidas/cenas/fines de semana familiares, presupuestos de mosquiteras (no para que no entren mosquitos, que es lo obvio, sino para que no salgan mis gatos, paradojas de la vida), presupuestos de acumuladores (buscando calefacción en pleno verano, otra paradoja), y la jornada intensiva que de verdad se ha convertido en intensiva gracias a (o desgraciadamente a causa de)una presentación para una gran distribuidora de cine (entraba a las 8 y no sabía cuándo iba a salir, paradojas de la intensidad de las jornadas), he vivido sin vivir enmí o sin tiempo para ello.

A todo debo sumar mis siestas, que también las ha habido, que más que siestas se pueden llamar pre-sueños nocturnos (el record, jueves pasado, de 5 de la tarde a 9 y media de la noche, me despertó Lorenzo Milá, no os digo más). Paradojas del sueño, que cuanto más duermes,más quieres dormir.

Vamos, que estoy agotada y el verano se me está haciendo eteeeerno, menos mal que Fuerteventura Todo Incluido Diez Días se acerca, aunque hasta el 12 de agosto no llega, pero me queda la esperanza de una playa de dunas, daikiri de coco en la piscina y discoteca por la noche... Estoy deseando estar agotada, pero por una buena causa.

Paradojas del agotamiento.