Lo tengo que decir, no puedo mantenerlo más tiempo en secreto: Odio Las Cuatro Torres.

Me parecen horribles, desde todos los ángulos posibles. Todo un monumento a la especulación inmobiliaria. Y la primera mentira es que quedan modernas y bonitas. Han roto el skyline de Madrid para lucro de unos cuantos. Me llegan noticias de que ya están arrendadas el 80% de sus plantas y hay lista de espera para conseguir una oficina en las alturas. A mí, que me esperen, que entre el vértigo y mi déficit económico (gracias a mi súperhipoteca y a mi sueldo de mileurista) no la quiero ni regalada.

Para colmo de males, llega un pocero de Fuenlabrada y nos restriega por las narices en todos los medios que se pueden vender pisos de 90.000 euros con piscina y el constructor hasta saca beneficio. Ha habido leches para conseguir uno. Y me pregunto: ¿y entonces por qué cuestan cuatro veces más? ¿De verdad se pueden hacer casas tan baratas? (Segunda mentira). Entonces debe ser que al madrileño medio no le importa pagar por todo porque estamos forrados (Y va la tercera). Por eso las oficinas de la EMV tienen colas de horas para entregar las solicitudes de acceso a vivienda protegida.

Luego se quejarán de que no hay niños en este país. Nos vamos de casa a los 40 y salimos del trabajo a las 8. Qué me digan a mí cuándo y dónde podemos fabricar la familia típica de mamá, papá y dos nenes.

Pero éste es un post sobre Las Cuatro Torres y no me quiero desviar: Las odio. Lo digo y lo repetiré ante cualquier juez y ante Gallardón si hace falta y si me lo encuentro algún día. Quizás el día que venga a inaugurar por segunda vez la interminada Estación de Cercanías de Asamblea de Madrid - Entrevías. Quizás en Mayo, antes del 27. Otra mentira más.

Y encima, en una campaña que hemos pagado con nuestros impuestos nos pregunta "¿Y que pasaría si no pasase nada?" Pues que Madrid sería una ciudad para vivir, no para llorar.