Hoy he estado hablando con mis compañeras de trabajo de viajes soñados, y han salido a relucir los nombres de aquellos paraisos terrenales que siempre tenemos en mente: Bora Bora, Cancún, República Dominicana, Tailandia...
Para mí el paraiso tiene nombre propio, y está más cerca que cualquiera de estos lugares: Mi paraiso se llama Cádiz. Y éste es un homenaje a mi abuela, que tuvo la gran suerte y el honor de nacer allí. Por supuesto, ese honor es mutuo, porque creo que Cádiz debe estar orgullosa de tener entre sus nativos a alguien con tanto salero como mi abuela.
Las veces que, siendo ya adulta, he pisado suelo gaditano he sentido una paz indescriptible. Casi como un "volver a casa" después de un largo viaje (nunca mejor dicho, porque la última vez tardamos más de 8 horas en llegar). Adoro desde Chiclana (pueblo natal de la homenajeada) a San Fernando. Zahara de los Atunes es única, puedes hasta encontrarte que Los Delinquentes están tocando en la playa, Caños de Meca es peculiar, y no hablemos de la belleza de Sancti Petri, o de la Playa de La Barrosa... En definitiva, Cádiz es única. Como mi abuela.
Mi abuela hace años que no va, pero no ha perdido ese acento tan característico. Dice "tarjeta Ibisa" por "Visa", le llama "guisopo" a la fregona, te dice que "no te arreguindes", una expresión sin traducción en lengua purista castellana, pero que significa algo así como que "No te asomes demasiado a los balcones", expresiones como "No pelearse", "Ir a El Campo (Alcampo)" o "Madrí está ahí (cuando no podíamos sintonizar Telemadrid)"... y tantas otras frases que nos han hechomás divertida la vida a todos. Mi abuela es única, como Cádiz.
Hoy he soñado con ella, no recuerdo bien qué, pero me he levantado con ganas de verla, besarla y achucharla. A veces la vida de todos se complica, y no podemos cumplir los deseos más inmediatos. He tenido que ir a trabajar y ese deseo ha tenido que ser relegado. Pero no lo he olvidado, y la he vuelto a recordar cuando he pensado en Cádiz. Mi abuela es Cádiz, y Cádiz es mi abuela.
Y no lo digo por decir: Una de las veces que fui a Chiclana, mi abuela me dio recado de encontrar la calle y la casa donde nació (La calle de la Cruz). Fui a buscar esa calle, y nadie sabía dónde podía estar, pero todo el pueblo de Chiclana se volcó conmigo y digo poco si digo que me querían acompañar a buscar dicha calle unas diez personas. Poco a poco creamos un grupo pintoresco en el que todos debatían dónde podría estar. Ya no existe esa calle, pero todos recordaban que "había una calle con una cruz" y me acompañaron hasta el posible enclave. Por eso digo que Cádiz es mi abuela, porque es acogedora, amable y siempre dispuesta a ayudar.
En Cádiz puedes tardar más de tres horas en comer, porque todo es muuuuuuuy pausado. Una hora para que te tomen nota, otra para comer (muy bien, por cierto) y la otra para que te cobren. Y ése esuno de susmayores encantos: No hay estrés. Mi abuela también hace las cosas con esa parsimonia graciosa, desde hacer ganchillo hasta leer el "Hola!" (y a veces, por el camino se queda dormida). Lo dicho, mi abuela es Cádiz.
Gracias Lela, y Gracias Cádiz... por existir.